Carolita's

 

 

Un día en el infierno tan querido, puede ser la mejor medicina para revitalizar nuestras emociones, porque mi querido compañero de celda, después de todo, ¿qué mejor coraza que una piel que ya no siente nada?

Un poco de bronceador antes de descender y lograremos ese tono azufre que tanto nos gusta. De paso combinaremos ese paquetísimo sweter color maíz que jamás pudimos usar.

No hay mejor condición que saberse ardido y disfrutar de las cenizas, porque sabemos que inevitablemente llegará un cambio profundo, para renacer o desintegrase, pero algún cambio es seguro que habrá.

Sin siquiera respirar muy fuerte habremos logrado volar por un segundo de este castigo divino que es estar acá encerrados, porque mi querido compañero de celda, no se si lo notaste, pero no podemos ver el sol desde aquí.

Un día de estos nuestras respiraciones se harán tan densas que no notaremos la diferencia de quién es el que está respirando, si mi querido compañero de celda o yo.

He notado que algunos días estas estrenando penas y no las compartes con las mías, y te olvidas, mi querido compañero de celda, que después de esta amable estadía juntos por tantos años, tus dolores son iguales a los míos, y tus penas juegan con las mías, porque se reconocen idénticas... ¿no lo habías notado?

Mis lágrimas te salpican en el momento justo de nacer y le dan nombre a mis penas relucientes, pero vos mi querido compañero de celda, nunca estrenas nada conmigo.

No quisiera ser cargosa, pero es que te pareces tanto a mí, que me dan ganas de que a veces me contestes.

Llevamos tanto tiempo juntos... y nunca me has dicho tu nombre. Creo que porque nunca te lo he preguntado, porque se que es igual al mío.

c.r.j. 8/99

 

Libro de visitas E-mail

Página siguiente