|
Un
día en el infierno tan querido, puede ser la mejor medicina para
revitalizar nuestras emociones, porque mi querido compañero de celda,
después de todo, ¿qué mejor coraza que una piel que ya no siente nada?
Un poco de bronceador antes de descender y lograremos
ese tono azufre que tanto nos gusta. De paso combinaremos ese paquetísimo
sweter color maíz que jamás pudimos usar.
No hay mejor condición que saberse ardido y disfrutar
de las cenizas, porque sabemos que inevitablemente llegará un cambio
profundo, para renacer o desintegrase, pero algún cambio es seguro que
habrá.
Sin siquiera respirar muy fuerte habremos logrado volar
por un segundo de este castigo divino que es estar acá encerrados, porque
mi querido compañero de celda, no se si lo notaste, pero no podemos ver
el sol desde aquí.
Un día de estos nuestras respiraciones se harán tan
densas que no notaremos la diferencia de quién es el que está
respirando, si mi querido compañero de celda o yo.
He notado que algunos días estas estrenando penas y no
las compartes con las mías, y te olvidas, mi querido compañero de celda,
que después de esta amable estadía juntos por tantos años, tus dolores
son iguales a los míos, y tus penas juegan con las mías, porque se
reconocen idénticas... ¿no lo habías notado?
Mis lágrimas te salpican en el momento justo de nacer y
le dan nombre a mis penas relucientes, pero vos mi querido compañero de
celda, nunca estrenas nada conmigo.
No quisiera ser cargosa, pero es que te pareces tanto a
mí, que me dan ganas de que a veces me contestes.
| Llevamos tanto tiempo juntos... y nunca
me has dicho tu nombre. Creo que porque nunca te lo he preguntado,
porque se que es igual al mío.
c.r.j. 8/99
|
 |
|